Hablar de la saga Final Fantasy es hablar de la historia de los videojuegos. Allá por 1987 Hironobu Sakaguchi estaba desarrollando un proyecto que sería su último trabajo antes de dejar el mundo de los juegos, su obra final y al que por ello bautizó como Final Fantasy.
Eran unos tiempos en que Square estaba al borde de la quiebra. Los lanzamientos de
King´s Knight o
3D WorldRunner no habían dado los resultados esperados y necesitaban como el comer un título que revitalizase sus maltrechas arcas. Y entonces en su camino se cruzó el
Final Fantasy, el título que supondría el inicio de una leyenda y que fue un auténtico éxito de ventas tanto en Japón como en Estados Unidos.

Sakaguchi (que por supuesto no se retiró y sigue siendo uno de los grandes pilares de la industria de los videojuegos) creó un universo particular, con sus propias leyendas, razas y cristales que marcarían el devenir de la saga.
Durante diez años lanzaron hasta cinco secuelas principalmente destinadas a las consolas de Nintendo de la época. Sin embargo, fue en 1997 y con la séptima entrega de la saga cuando el público europeo, que estaba deseoso de RPGs, el
Final Fantasy terminó de consagrarse.
Y es que pocas veces 3 Cds han dado para tanto. La historia de Cloud Strife, Sephirot, Avalancha y Shinra marcó un antes y un después. A día de hoy muchos de los jugones siguen considerándolo el mejor título de la saga y se convirtió en uno de los principales reclamos de la Playstation original para detrozar a la competencia.
Ahora, trece años después, la decimotercera entrega aterriza en las consolas de nueva generación dispuesta a dejarnos con la boca abierta…
