
No hay duda de que Infogrames revolucionó los videojuegos con el
Alone in the Dark, aquella maravilla que en 1992 sirvió como inspiración a los survival horrors que vendrían después. Un título siniestro, tenebroso, aterrador y en 3D como no se había visto ninguno hasta entonces.
Detrás de esta maravilla estaba la compañía gala creada por Bruno Bonnell y Christophe Sapet que un año antes puso a la venta una aventura gráfica diferente a todas las que aparecían en el mercado, generalmente desarrolladas por Sierra y Lucasarts. Su nombre: 'Murders in Space', la secuela de 'Murders in Venice'.

En
Murders in Space te ponías en la piel del detective Dick Anderson que era envíado a una estación espacial a investigar un asesinato que se había producido en el lugar. No obstante, los recelos de la tripulación, el miedo en el ambiente, la ausencia de gravedad y un asesino implacable no te pondrán las cosas sencillas.
El juego estaba dividido en actos (u horas en este caso) como ya había ocurrido con otros títulos como
The Colonel´s Bequest y que posteriormente veríamos en
Phantasmagoria o la saga
Gabriel Knight. En función de nuestras acciones o de lugares por donde pasábamos, el tiempo avanzaba, los personajes cambiaban de lugar y el asesino continuaba acabando con los miembros de la nave.
Por tanto nuestra misión era doble: por un lado debíamos desenmascarar al culpable y por otro evitar más muertes. Y aquí era donde
Murders in Space empezaba a complicarse ya que un paso en falso era la diferencia entre salvar una vida o no. Para ello debíamos controlar las horas de sueño de unos, enviar análisis médicos de otros a la Tierra e incluso, en un momento del juego, debíamos salir al espacio exterior a reparar el sistema de comunicaciones de la nave.

El juego que llegó a salir traducido en nuestro país pasó muy de puntillas, tal vez, por alejarse del tono festivo y alegre de los títulos habituales de la época. Sin embargo, los que se lo perdieron en su día deberían echarlo un vistazo. Merece la pena.